Entendiendo las relaciones

Actualizado: may 4

Las relaciones interpersonales son parte de la vida. Son tan naturales que no pensamos en ellas hasta que un detalle captura nuestra atención. Este detalle puede ser un acontecimiento agradable, o una oportunidad para crecer. Las oportunidades para crecer se presentan cada vez que surge un desacuerdo, o una situación en la cual se genera algún tipo de roce. Si nos mantenemos alerta ante estas situaciones podremos darnos cuenta que nuestros actos pueden hacer la diferencia.

Actitud


Para hacer una diferencia es importante asumirlas con una actitud positiva. Una actitud que nos permita obtener el mayor beneficio para todos los involucrados. Esta actitud puede ser una nueva manera de asumir este tipo de situaciones, o una mayor disposición a explorar las posibilidades que existen en el área de las relaciones humanas. Al elegir actuar de esta manera encontraremos que al ser más receptivos, las personas responden mejor y nos aceptan por lo que somos. Esto nos hace sentir libres, vivos, energéticos y despiertos, de maneras hasta ahora no experimentadas. Cuando esto sucede, cada contacto con otro ser humano, que antes era tomado a la ligera, se convierte en una experiencia importante, significativa y enriquecedora.

Reconocimiento


Cada persona es especial, única, no hay dos seres iguales en este planeta, hasta los gemelos idénticos tienen personalidades diferentes. Cada uno de sus amigos, sus padres, su jefe, la camarera, el conductor del taxi, el vecino, cada persona es un ser especial. Reconocer que cada uno de los seres humanos, sin importar quienes son, su posición social o lo que hacen, es alguien especial, cambia nuestra actitud hacia ellos. Reconocerlo nos coloca en una posición en la que aceptamos que tienen los mismos derechos y se merecen las mismas cosas que nosotros.

Trascender


Se trata de ver más allá de lo que las personas ven en sí mismas. Cada individuo lleva la semilla de la grandeza en su interior. Esto nos brinda la oportunidad ver más allá de sus imperfecciones y situaciones, hasta contactar con su potencial para facilitarles conectar con su profundidad, su poder, su belleza interior y sus inmensas posibilidades.

Obrar


Supongamos que nos encontramos en un ambiente de trabajo donde existe un empleado que siempre se encuentra mal encarado, apenas cumple con sus asignaciones y vive quejándose continuamente por todo y por nada. La actitud de las demás personas en la oficina es la de evadirle, tratarle lo mínimo indispensable para “no contagiarse” de su actitud. Hasta que un día a alguien se le ocurre alabarle por una sencilla tarea que realizaba a diario, y que nadie notaba. El empleado que antes habría contestado de manera descortés se queda mudo e inmóvil.

Con el paso de los días la misma persona saludaba al empleado de una manera jovial, interesándose por su bienestar y comentando favorablemente su trabajo, pero sin obtener respuesta alguna, simplemente una mirada de asombro. Hasta que un día el empleado le dijo: “Sabe, nunca nadie me había tratado amablemente”. Después de esa sencilla sonrisa el empleado nunca volvió a ser el mismo, ahora hacía su trabajo con dedicación y le resultaba agradable, dejó de quejarse. Por supuesto su rendimiento y eficiencia aumentaron, y todos en la oficina notaron el cambio.

Al reconocer la grandeza que existe en las demás personas, les facilitamos conectarse con su poder interior. Tal vez ellas no se reconocen como únicas y especiales. Esto nos brinda la oportunidad de ser su espejo y reflejarles su potencial. Al adoptar esta actitud desarrollamos relaciones significativas con cada persona que conocemos, y hasta un encuentro casual puede enriquecernos a ambos.

Recuerde esto la próxima vez que alguien le haga algo desagradable: a veces las personas reaccionan de esta manera para tratar de ocultar su dolor. Puesto que los seres humanos somos seres que interactuamos en diferentes niveles, somos muy sensibles a los pensamientos que nos formamos los unos de los otros. Si su relación con su pareja, amigo, socio, padre, madre, compañero de trabajo, o cualquier otra persona no es la que usted desea, revise qué pensamientos está usted formando acerca de esa persona. Tal vez le sorprenda descubrir que está alimentando y atándose con sus pensamientos precisamente a las cualidades que le desagradan de la otra persona. Recuerde que nadie puede ver en otra persona lo que no existe en su mente.

En las relaciones -al igual que en las demás áreas de la vida- obtenemos aquello que creemos, pensamos y esperamos recibir. Si estamos dispuestos a experimentar con nuestros pensamientos, descubriremos que hay muchas posibilidades en cada relación. Al asumir esta actitud, cada situación que antes considerábamos desagradable se convierte en una oportunidad para crecer. Esa es una de las maneras en que podemos contribuir a crear el mundo que todos deseamos y merecemos, y que se encuentra a nuestro alcance.


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